El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque —Ahora el mal ya está hecho. Algún dÃa u otro lo pagaremos. Se puede vivir robando vacas y ovejas. Raptar muchachas no es lo mismo. Beasley es capaz de denunciarnos, lanzando a sus propios hombres en nuestra persecución. Todo el mundo en Pine y en Show Down se volverá en contra nuestra. Los mormones son de temer. Suponte que Carmichael haya recabado la ayuda de Dale y los Beeman.
—¡Mal asunto! —murmuró Wilson—. Ya te lo decÃa yo, y no comprendo porque no me dejaste llevar a la muchacha a su casa.
—Porque necesito dinero, Jim, y ése no es el modo de obtenerlo. Quiero exigir por ella un rescate.
—Snake, ¿cómo te las compondrás para lograrlo?
—TodavÃa no lo he pensado.
—¡Claro, la cosa no tiene prisa! —rezongó Wilson con hosca ironÃa.
—Jim, ¿por qué estás disgustado?
—Ya puedes figurártelo.
—Todos estáis disgustados aquà —gruñó Anson, enfurruñado—. Los demás lo están porque no comen, no tienen whisky, no tienen dinero ni tabaco. Pero las causas de tu descontento son otras.
—¿Cuáles te figuras que son? —preguntó Wilson.