El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque —No voy yo tan lejos como tú. ¿Qué quieres decir?
—Nada en concreto —fue la sombrÃa respuesta—. Sólo sé que las cosas marchan cada vez peor. Empezamos el asunto en otoño y estamos en abril sin haberlo terminado.
Este invierno ha sido muy malo para nosotros. Hemos consumido inútilmente nuestras provisiones. ¿Qué fuerza te parece que tiene Beasley en el pueblo?
—Mucha menos de la que alardea.
—Lo mismo creo yo. Ayer lo vi bien claro cuando advertà el miedo con que oyó a la muchacha cuando le previno que Carmichael le matarÃa. No hay duda de que le matará. Este Carmichael no me es desconocido. Le vi en Magdalena hace algunos años, cuando no era más que un chiquillo; pero ya entonces me pareció un joven muy bragado.
—¡Quién lo duda! ¡Un tejano!
—Jim, ya advertà que ayer bajaste la mirada cuando se habló de Texas.
Wilson nada contestó a esta observación.
—Nada tiene esto de particular —agregó Snake Anson—. Tú no has sido un forajido toda tu vida. Tampoco yo, Jim, nunca vi con buenos ojos este negocio.
—Confieso que siempre me pareció que lo aceptaste de mala gana —reconoció Wilson.