El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque —Es maravilloso como esa pieza se parece al invencible pistolero Riggs —dijo Shady Jones soltando la carcajada.
—¡Vaya un tiro! —comentó Burt.
Probablemente había visto pocos hombres heridos de aquella manera.
—Jim, ese cobarde ni siquiera intentó sacar el revólver —exclamó Snake Anson, extrañado.
Wilson no contestó ni cesó de pasear.
—¿Por qué le has matado? —preguntó Anson con curiosidad.
—Porque había pegado un puñetazo a la muchacha. Esta declaración provocó muchos comentarios y miradas entre los bandidos.
—Jim, me has ahorrado a mí el trabajo de desenfundar mi revólver —declaró el capitán—. Te estoy muy agradecido. Muchachos, ahora a repartirnos la herencia del muerto. ¿Estás conforme, Jim?
—Absolutamente conforme, y regalo a todos mi parte.
En los bolsillos del difunto encontraron muchos billetes de Banco y no pocas monedas de oro. Shady Jones se quedó con las botas, Moze se apropió el revólver. Una vez efectuado el despojo, los bandidos abandonaron el cadáver tal como había quedado en el suelo.
—Jim, tendrás que ir a buscar los caballos —le dijo Anson—. De los dos que faltan, uno es el mío.