El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque —Tan cierto es que ya me esperaba yo todo esto, como que usted está afortunadamente en este momento con la piel entera entre nosotros —declaró Rey—. Beasley ha tomado ya posesión del rancho y ahora será ya muy difÃcil echarle.
—Pero ¿cómo cree usted, Roy, que voy a resignarme a dejarle que disfrute tranquilamente de lo que me pertenece? —objetó Elena.
—Señorita Elena, cuando Pine se haya desarrollado lo suficiente para tener autoridades que hagan respetar la ley, usted ya tendrá canas. De nada sirven sus derechos ante la fuerza, en este paÃs. Con la razón nada más, no vencerá nunca a Beasley. Su tÃo Al sabÃa cómo se manejaban los asuntos. Pero tenÃa la mano dura y su carácter no era muy a propósito para crearse amigos. No todos los enemigos que tenÃa están muertos, y usted pagará las culpas de su tÃo, porque los que le odiaban a él no, la amarán nunca a usted, y usted se encontrará con demasiadas personas en contra en este paÃs.
—¿Qué podré hacer? Yo no puedo, no debo ceder. He sido atropellada. Me han robado; me han despojado de lo mÃo. ¿Nadie me ayudará? ¿Debo bajar mansamente la cabeza, mientras ese ladrón…? ¡Oh, no; eso es imposible!
—Ha de tener paciencia durante unos dÃas. Todo se arreglará al fin.