El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque —No volveré sin ti —declaró Elena en tono firme y resuelto.
Él la rechazó entonces con mano dura. Su violencia y su mirada fiera y torva aterrorizaron a Elena, le quitaron fuerzas; pero nada pudo hacerla desistir de su empeño.
SentÃase victoriosa. Su femineidad, su amar y su presencia vencerÃan la resistencia de Dale.
En el momento en que él apartaba a Elena de su lado, en el interior de la taberna aumentaba la algarabÃa de vasos, mesas y sillas violentamente arrastradas o empujadas. Sin ocuparse de Elena para nada, Dale entró en la taberna. Los caballos empezaron a relinchar, a piafar. El tumulto infundÃa a Elena verdadero pavor; no obstante, se lanzó sin vacilar hacia la puerta y entró en la taberna.
El interior del establecimiento estaba débilmente alumbrado. Flotaba en el aire una neblina azulada con fuerte olor a tabaco. En el suelo habÃa dos hombres tendidos.
Las sillas y mesas estaban caÃdas y en revuelto orden.
Adosado a la pared de enfrente habÃa un apiñado grupo de hombres con cara pálida y sucia y fea indumentaria.