El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque Turner, el dueño del establecimiento, estaba en pie en un extremo de la taberna con su cara lívida y sus manos temblorosas separadas del cuerpo. Carmichael apoyaba la espalda en el mostrador. En su mano derecha tenía un revolver humeante.
Lo primero que hizo Elena al entrar en la taberna fue buscar a Dale con ojos azorados.
En cuanto él la vio se acerco hacia ella. Elena vio en seguida a los dos hombres que yacían en el suelo. Uno de ellos era Jeff Mulvey, el antiguo capataz de su tío. Su cara causaba horror. Junto a su mano había un revolver humeante. El otro hombre había caído de cara. Por su traje advertíase que era mejicano. Todavía no estaba muerto. Al sentir Elena el brazo de Dale en torno de su cuerpo, paseó su mirada por el resto de la habitación, impulsada por una invencible curiosidad. Sus ojos se fijaron entonces en el hombre apoyado en el mostrador, en aquel joven que había sido tan buen amigo para ella, tan violento y rudo como caballeroso, tan franco y sencillo y tan enamorado de su hermana.
Aquel joven ya no era un muchacho, era un hombre violento, terrible, con una imponente expresión de muerte en su mirada. Con el codo izquierdo sobre el mostrador, sostenía en la mano un vaso de vino. El revólver que sostenía en la otra mano permanecía mirando al suelo, tan fijo e inmóvil como si pendiera de una estatua.