El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque Un rato después, los vapores del alcohol le obligaban a desplegar una actividad independiente de su albedrÃo. No podÃa permanecer quieto, ni sentado. Salió del establecimiento, dirigiéndose al camino, en donde miraba a derecha e izquierda en actitud de alerta, como si aguardase un tiro de algún enemigo escondido. Los hombres se apartaban, para evitar su encuentro. Cuando volvió a la aldea ni un alma se dejó ver en ella. Volvió a la taberna, pero sin pedir nueva bebida. La nerviosidad del tabernero mostraba la alarma que su presencia en el establecimiento le causaba.
—Turner, me parece que la próxima vez que vuelva a la taberna será para matarte —dijo al cuitado, y salió del establecimiento.
Las tiendas, las calles, la aldea entera parecÃa ser de él. Paseábase por ella como un centinela que espera el ataque de los indios.
A eso del mediodÃa un hombre se aventuró a acercarse a Las Vegas.
—Las Vegas, vengo a decirte que todos los mejicanos están abandonando el pueblo —manifestó.
—¿Qué me dices, Abe? —exclamó, sorprendido, Las Vegas.
El hombre repitió su información y Las Vegas prorrumpió en terribles juramentos.
—Abe, ¿sabes lo que está haciendo en estos momentos Beasley?