El Hombre del Bosque

El Hombre del Bosque

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Y cogiendo el ronzal del mesteño, se lo llevó a los corrales, no sin que antes le pusiera Las Vegas en el brazo la brida de su caballo, yendo después inmediatamente a ponerse elegante.

Así fue como Bo pudo montar el potro aquella misma tarde, sin contravenir las condiciones de Las Vegas. Éste no quiso dejarla partir sola, y los recién casados celebraron su enlace con una de sus más locas y emocionantes galopadas. Dale accedió gustoso a los deseos que Elena le manifestó de seguir a su hermana, pero imposible fue dar alcance a la feliz pareja.

Fuere porque le hubiese adivinado el deseo, o porque sus pensamientos soliesen siempre correr parejos con los de Elena, el caso es que Dale le propuso, cuando volvían a casa, que fueran a pasar unos días a las selvas que él había habitado. Imposible que hubiese propuesto una cosa más del agrado de Elena.

—¿Vendrán Bo y Tom con nosotros? —preguntó ella, contentísima.

—Sí, y Roy nos acompañará —respondió Dale con significativa expresión.

—¡Oh, qué alegría! —comentó ella con naturalidad, como si no hubiese cogido el verdadero sentido de estas palabras; pero volvió la cabeza vara ocultar la llama que encendió sus mejillas e hizo brillar sus ojos con fulgores de felicidad.


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