El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque —Bueno; pero ¿cómo me las compongo yo para traer un pastor antes de comer? El más próximo que conozco yo está en Show Down, a cuarenta millas de aquÃ.
»No hay caballo que galope tan de prisa; Roy, dame una idea. ¿No conoces algún otro pastor que esté más cerca?
—Uno conozco que está cerquÃsima, y si no te parece mal que sea yo quien os case, te diré que yo mismo soy el pastor que necesitas. Tal vez te cause sorpresa esto, porque nunca te lo habÃa dicho, pero el hecho es que soy un pastor mormón. Tengo autoridad y facultades para ligaros con vÃnculo indisoluble.
Las Vegas se agarró a su amigo como un náufrago a la tabla de salvación.
—Roy, ¿podrá usted casarlos con mi Biblia y el mobiliario de mi capilla? —preguntó Elena, no menos ebria de alegrÃa que su futuro cuñado.
—Indudablemente. He casado en mi vida a muchas parejas de religión distinta a la mÃa.
—¡Antes de comer! —exclamó Las Vegas, en el paroxismo de su inmenso júbilo.
—Ciertamente —aseguró Roy—. Ahora, tú corre a trajearte algo mejor, y usted, Elena, ande a participar a su hermana que todo está dispuesto para la ceremonia.