El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque Elena oyó pisadas de caballo; poco después el animal pasó a galope tendido.
Dale abrió la portezuela y asomó la cabeza. El carruaje se detuvo. Dale se apeó de él y escudriñó la planicie.
—¿Quién es ése, Joe? —preguntó.
—¡Yo qué sé! —respondió Joe—. Bill tampoco lo conoce; hace un rato que le vemos galopar de prisa; luego, como si deseara que le pasáramos delante, ha disminuido la marcha del caballo, mas de repente ha acelerado de nuevo la velocidad.
Dale movió la cabeza como si aquello no le agradara.
—No temas, Milt; Roy no dejará a ese individuo proseguir por este camino —dijo Joe.
—Tal vez pase sin que Roy le vea.
—No es muy probable.
Elena no pudo reprimir sus temores.
—¿Cree usted que ese jinete era un emisario que ha salido para avisar a la banda de Anson? —preguntó.
—¿Quién podría asegurarlo? —repuso Dale.
Entonces el joven Joe se inclinó desde el asiento delantero y dijo a Elena:
—No se preocupe usted. Más probable es que a ese hombre le metan una bala en el cuerpo que no que llegue a su destino.