El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque Elena miró al hombre sorprendida por sus palabras. Le aconsejaba que cambiase su traje de viaje por otro de montar, en medio del desierto azotado por un viento frío, a medianoche y delante de varios jóvenes.
—¿De quién es esta valija? —preguntó Dale a Bo como si ésta fuera su hermana.
Y cuando Bo le hubo dicho que era la suya, la cogió diciendo:
—Síganme fuera del camino.
Bo le siguió y Elena hizo lo mismo.
Dale las dejó entonces a algunos pasos del camino detrás de unos espesos arbustos.
—Aquí pueden cambiarse la ropa perfectamente —les dijo. Y se alejó en seguida.
Bo se sentó para quitarse los zapatos. ¡Qué pálida y bonita le pareció a Elena! Sus ojos brillaban a la luz de las estrellas. Al mirarla comprendió que Bo causaría mejor impresión que ella en el Oeste.
—Son muy simpáticos estos muchachos —dijo Bo—. ¿Has visto con qué franqueza nos han preguntado si teníamos frío?