El Rancho Majestad
El Rancho Majestad —Gene, darÃa cualquier cosa por poder pegar un tiro al maldito que ha escrito ese artÃculo.
—¡Eso es una tonterÃa, Nels! ¿Estás loco? Estamos en 1932.
—¡SÃ, diablos! Y hay más tiros en los Estados Unidos ahora que cuando vinimos por primera vez a estas llanuras, hace treinta años tú, y muchos más yo… ¡Es un embustero, Gene!
—¿Quién? ¿El autor del artÃculo?
—SÃ. No creo ni una sola palabra de todas esas estupideces que dice. Me refiero a eso de que Majesty sea la ventisca, bebedora como un demonio. Gene, no lo creas, y ¡por amor de Dios!, no se lo digas a Magdalena.
—Estoy abrumado, Nels. Éste es el golpe final. No sé siquiera qué pensar. La carta de Madge confirma que lo que has leÃdo es cierto. ¡Si, sÃ!, sinceramente. Y en su telegrama, me comunica que viene a casa para quedarse aquÃ.
—¡Hurra! Ésa es la mejor noticia que he oÃdo desde hace mucho tiempo.
—Es una buena noticia, Nels. Y sin embargo, dolorosa. Es triste que su regreso haya sido motivado por una desgracia…
—¡Ah, no, Gene! ¡Cómo! Majesty adora esta tierra, esta casa en que ha nacido, su hogar.