El Rancho Majestad
El Rancho Majestad —No conozco a mi propia hija —suspiró Stewart—. Recuerda, Nels, que no he visto a Madge desde hace más de tres años. Sabes que yo estaba en Méjico la última vez que vino. Y el verano anterior, pasó las vacaciones en Europa.
—Sà lo recuerdo. Y tengo la seguridad. Gene, de que seguirá tan rebelde y alborotadora como era de pequeña; pero tan buena como el oro y tan fiel como el acero. Cuando estuvo aquà la última vez, tuvimos algunas disputas, naturalmente. Entonces, pensé cuánto han cambiado las cosas desde aquellos tiempos en que tú y yo andábamos detrás de las mujeres. Hemos permanecido en el mismo lugar, Gene, y este viejo mundo ha cambiado mucho.
—Exactamente. Muy pronto vamos a tener una buena prueba de ello. Madge dice en su carta que un grupo muy numeroso de amigos suyos vendrá a visitarla.
—Muy bien. Hizo lo mismo la última vez, y confieso que jamás me he divertido tanto.
—Nels; eres un viejo tonto incurable. Madge te dará constantes pruebas de aprecio. ¡Pero yo soy su padre! —¡Claro que sÃ! Y también voy a divertirme mucho a costa tuya, Gene.