El Rancho Majestad
El Rancho Majestad —Esperaba, Gene, que esta disminución del capital y de las rentas serÃa una cosa solamente temporal. TodavÃa sigo creyendo, como mi abogado de Nueva York asegura, que habremos de reponernos. El capital de Madge está intacto y dentro de no mucho tiempo su renta será la normal. Esto fue una prudente previsión de tÃa Elena. Madge no puede gastar el capital. Y en este caso no tiene mucha importancia que su renta se haya reducido. Pero, ahora, tendremos que decÃrselo… si tenemos el valor preciso para hacerlo.
—¡Tenemos! —exclamó Gene sobresaltado—. Yo no tengo mucho valor. Recuerda que no he visto a Madge desde que comenzó a hacerse mujer. Cuando tenÃa diecisiete años… antes de que se marchase para ingresar en la Universidad, yo la tenÃa un miedo terrible. Tendrás que ser tú quien se lo cuente todo.
—Va a ser muy difÃcil. Yo misma estoy asustada a causa de estos años que ha vivido alejada de nosotros. Si me encontrara nuevamente en las mismas circunstancias, no volverÃa a enviarla a la Universidad.
—Bueno. Olvidemos de momento el aspecto financiero de la cuestión. ¿Has leÃdo sus cartas y telegramas?