El Rancho Majestad
El Rancho Majestad —¡Maddie, no necesitamos tener un hombre tan levantisco como aquél!
—Acaso no haya otro tipo de hombre que pueda dominar a Madge… Gene mÃo, ¿por qué te menosprecias tan amargamente?
—He fracasado como ranchero después de haber reunido una ganaderÃa de ochenta mil cabezas.
—No ha sido culpa tuya. ¿Quién podrÃa haber previsto lo que ha sucedido con el negocio de ganado? De todos modos, yo me referÃa a tu cualidad de vaquero que llegó… y venció…, Gene, mis recuerdos son siempre maravillosos. Aun hoy mismo me es posible ver en sueños aquella terrible carrera hacia Méjico para librarte de ser muerto a tiros… y gozo aún ante tu huida, huida que en vez de llevarte a la muerte te trajo a mi… a tu esposa, de quien no sospechabas ni siquiera remotamente que conociera tu secreto.
—También es dulce ese recuerdo para mÃ, Magdalena. Con el pasado debÃa satisfacerme. Pero es en ti, en nuestro hogar, en Madge, en quien debo pensar.
—Todo se resolverá favorablemente, Gene.
—¡Claro que sÃ, querida! Soy un viejo pesimista. QuerrÃa ser como Nels… Bueno ahora querrás leer tu correo, y yo tengo un montón de papeles que repasar.