El Rancho Majestad
El Rancho Majestad —También yo. Pero un miedo diferente al tuyo. Tengo miedo a que una pandilla de estudiantes jóvenes, recién libertados de una restrictiva disciplina, caiga atropelladamente sobre nosotros.
Magdalena, ¿recuerdas tu pandilla juvenil…, cuando viniste aquà desde Nueva York al cabo de muy poco tiempo de haber adquirido esta posesión?
—SÃ. Lo recuerdo —replicó su esposa soñadoramente, con los ojos entornados—. Mi hermano Alfredo… su amorÃo con Flo… mi hermana Elena…, mi mejor amiga, Edith Wynne. ¡Oh! ¡Parece tan lejano… todo eso! Pero Alfredo ha venido a vernos por espacio de diez años… ¿Adivinaste alguna vez que Elena estaba enamorada de ti… entonces, cuando eras el Capitán?
—¡Elena…! ¡Maddie, estás loca! —protestó Gene.
—No; es cierto. Nunca te lo he contado. Sabes que Elena no se casó; que dejó su fortuna a Madge… lo que, al fin y al cabo, ha constituido un problema tan importante… que lo es todavÃa… Si los amigos de Madge son tan inquietos como ella, tendremos un verano todavÃa más agitado que el de hace veintitrés años.
—No tengo la más mÃnima duda de ello —refunfuñó Gene.
—¡Si pudiéramos siquiera tener ahora un Capitán que domase a Madge!