El Rancho Majestad
El Rancho Majestad A la mañana siguiente se había operado un cambio en él. Si fue o no la esperada llegada de Madge al hogar lo que operó el milagro aquella gloriosa mañana de junio, tan rica en cantos de aves y en resplandores del dorado sol y de la purpúrea extensión, Gene no lo sabía. Una buena noche de sueños y la luz del día nuevo obran maravillas.
Gene encontró a Danny Mains acompañado de Nels, que estaban tomando una taza de café en la habitación del soltero y viejo vaquero que había constituido su hogar por espacio de veinticinco años. Danny había formado parte del arriscado equipo de Gene en los prósperos días pasados. Sus arqueadas piernas y su robusta constitución no habían cambiado. Pero en el rostro cordial de Danny se reflejaban los estragos del tiempo.
—¡Hola patrón! —saludó a Gene con alegría. Danny no había trabajado para Gene desde hacía una década entera, pero siempre se dirigía a él con el tratamiento típico que los caballistas emplean para su jefe.
—Iba a verte. Nels y yo hemos estado hablando acerca de la conveniencia de que me una contigo.
—Me gusta la idea, patrón. ¿Vas a vender algunas reses?
—Buenos días tengáis los dos —contestó Gene jovialmente—. Sí. Voy a vender dos terceras partes de mi ganado. ¿Cuál es tu opinión, Danny?