El Rancho Majestad
El Rancho Majestad —Madge, verdaderamente, creemos que podremos resistir que se nos quiera —replicó fervientemente Gene—. ¿Vas a quedarte de verdad en casa de ahora en adelante?
—¡Papá! ¡No, seas tan ansioso! ¡Oh, cuánto os he descuidado a los dos! Pero querÃais que me ilustrase. Lo habéis conseguido. Y aquà me tenéis de nuevo. Y ¡de qué modo!
Ni Magdalena ni Gene pudieron reprimir una carcajada.
—¿Te quedarás en casa con nosotros… por lo menos, de vez en cuando? —preguntó su madre.
—¡Para siempre, querida! Haré que mis amigos vengan a visitarme. Ya os telegrafié diciéndoos que esperaba que viniera un grupo de compañeros de la Universidad, después de los exámenes. ¡Qué lugar más hermoso es este rancho para atender y agasajar a las gentes de la ciudad!: Voy a divertirme más que en toda mi vida.
—Madge; el rancho… está arruinado —dijo Gene vacilantemente—. No es apropiado para recibir a tus amigos.