El Rancho Majestad
El Rancho Majestad Gene se quedó inmóvil y dirigió una sonrisa enigmática a Magdalena. Inmediatamente oyó el ruido que produjo la portezuela de un automóvil al cerrarse y el zumbido de un motor.
—¿Tonto? Sí, creo que lo soy. El pobre Nels y yo vamos a tener un verdadero tormento con ella.
—Estoy muy tranquilizada, Gene. Cualquiera que sea el efecto que la Universidad y la ciudad puedan haber producido en nuestra hija durante sus cuatro años de ausencia, está muy sana y es muy alegre. ¡Y qué hermosa!
—11e ha gustado mucho la expresión que adoptó cuando hablé de Nels…
—Respecto a eso, tranquilízate, como yo me he tranquilizado. Es muy cariñosa y nos quiere mucho, y quiere… a esta casa.
—¡Cómo, Magdalena! ¡Estás llorando!… Y yo, par mi parte, me siento así… como un poquito débil. Nuestra hija, nuestra hijita ha venido a casa… crecida… hecha una mujer… jamás he visto una princesa, pero Madge lo es. Estoy tan orgulloso de ella, que me encuentro a punto de reventar… Había olvidado preguntarte una cosa, querida: ¿no crees que deberíamos arreglar la línea telefónica que nos comunica con el pueblo? Los alambres están cortados en algunos sitios. Y hay algunas averías más.