El Rancho Majestad
El Rancho Majestad —No te engañes, papá. Puedo conseguirlo. Algún dÃa me arreglaré y pintaré exclusivamente para que me veas tú. Es un arte… Supongo, para contestar a tu pregunta, que la costumbre se ha extendido a causa de las pelÃculas. Las estrellas más hermosas son aquellas que tienen la habilidad necesaria para arreglarse, o que se hacen embellecer por los expertos… Mamá, ¿te interesarÃa saber que se me han hecho proposiciones para que fuera a trabajar como artista de cine?
—SÃ. Naturalmente. Pero no me sorprende.
—HabÃa una empresa que andaba persiguiéndome constantemente. Resultó que, según parece, en no sé qué función o qué lugar habÃa estado conversando con uno de los directores de la empresa. Me habló hasta llegarme a ensordecer y telefoneó a mi casa hasta que le dije que no querÃa oÃrle más. La proposición me interesó, claro está. No hay ninguna mujer en el mundo que no esté ansiosa de ser artista de cine. Me gustarÃa haber hecho una prueba. Pero… llegué a la conclusión de que me costarÃa mucho más de lo que puedo pagar.
—¿Costar? Siempre he leÃdo que las CompañÃas pagan unos sueldos enormes a sus artistas.
—¡Oh, papá! ¿Has visto, mamita, qué tonto es mi querido papá?… Ahora, voy a deshacer mi equipaje —y corrió al exterior acompañada del repiqueteo de sus tacones.