El Rancho Majestad
El Rancho Majestad Su inesperado encuentro con Uhl, en el lugar de estacionamiento de automóviles en el que no pudo hallar a Sidway, hizo comprender a Madge repentinamente que sus indiscretas relaciones con el gángster no tenÃan va para ella el menor interés. Y esto fue lo que se declaró a sà misma mientras hacÃa todo lo posible por ocultar a Uhl el disgusto que sentÃa. Sus impulsos eran rápidos, y se entregaba a ellos atrevidamente, hasta cierto punto. Pero a pesar de todo, no dejaba ele darse cuenta de cuando algún nuevo capricho amoroso se habÃa sobrepuesto a los antiguos. Ni siquiera tuvo necesidad de ver a Uhl para convencerse de que el hombre a quien habÃa supuesto que encontrarÃa habÃa borrado la fascinación que sobre ella ejercÃa el extraño e imperioso gángster de mirada frÃa. Al mirar y al escuchar a Uhl, Madge se alegró de que asà fuera, y lamentó haber sostenido con él un breve coqueteo. E inmediatamente pensó que lo más conveniente para calla serÃa alejarle de aquel lugar, obligarle a bajar del coche a cualquier punto, y luego volver atrás.
—Sube, Honey Bee —dijo alegremente—. He llegado demasiado tarde a mi cita, y tengo que regresar a toda prisa a la Universidad. ¿Dónde quieres que te deje?
—Pero, chiquilla, no puedes abandonarme de ese modo —contestó Uhl mientras se sentaba a su lado—. Sé donde hay un bar muy cerca de aquÃ; vamos a tomar una copita y a charlar un rato.
