El Rancho Majestad
El Rancho Majestad —Señorita Stewart… como dice Ren… es usted una señorita magnÃfica —contestó Lance volublemente—. SerÃa inconcebible que retirase mi mano cuando usted me ofrece la suya. Pero no me es posible olvidar tan fácilmente como lo hace usted.
—Comprendo.
—¿Continúa usted creyendo que averigüé quién era usted, dónde vivÃa, y vine aquà para…? —preguntó Lance acaloradamente; y se interrumpió incapaz de concluir la interrogación.
—¡Claro que sÃ!
—¿Y si yo jurase por mi honor que no es cierto? —continuó el joven apasionadamente.
—¡SÃ! —replicó ella—. Y ganarÃa usted mucho en mi aprecio si no se empeñase en mentir. ¡Esa tonterÃa de las palabras de honor…! Creà que era una artimaña, y me intrigó. Pero de todos modos, creo que serÃa conveniente para usted el dejar de fingir. ¿Qué más desea usted?
—Es posible que a usted le parezca una cosa ridÃcula; pero yo no soy un joven estudiante, inexperto, ni un gángster. Siempre he esperado que ninguna mujer dudarÃa de mis palabras. De otro modo, no podrÃa ser amigo suyo. Se está usted burlando de mÃ, y seguirá haciéndolo delante de sus compañeros para dejarme plantado a continuación. ¡Si hasta ha tenido usted valor para intentar apoderarse de mi caballo!