El Rancho Majestad
El Rancho Majestad ¡Gángster! Lance experimentó un repentino estremecimiento. Comenzaba a comprender. Aquel joven tenÃa un notable parecido con el artista de la pantalla Robert Morris, en sus papeles de terrorista y atracador. ¿Qué podrÃa aquella muchacha tener que ver con un gángster? Mucho, pensó Lance, si se tenÃa en cuenta que ella mostraba el indomable aspecto de una persona que tuviera una insaciable sed de aventuras.
—Madge, todavÃa no he dicho nada —replicó el joven riendo—. Ya sabes que no acostumbro decir las casas de manera delicada. ¿Qué te parecerÃa si tomáramos unos cocktails? Llévame a dar un paseo.
—Bee, ya te he dicho que tengo una cita —protestó ella—. Una cita con un joven perfectamente adorable. Estoy loca por él.
—¿S� Él no parece estar tan loco por ti. Olvida esa cita, y vámonos a cualquier parte.
Y después de pronunciar estas palabras, el frÃo caballero pasó al otro lado del coche, abrió la portezuela, entró, se sentó y volvió a cerrarla. Lance pensó que el nombre del caballero, que significaba abeja, debÃa de ser un sobrenombre profesional o familiar.
—¡Eres un verdadero fresco! —afirmó ella.
—¿No me dijiste que eso era lo que más te gustaba de m�
—Creo que sÃ. Pero entonces, eras una cosa nueva para mÃ, Bee.