El Rancho Majestad
El Rancho Majestad —Me caà del automóvil cuando bajábamos la pendiente, me hice daña en el pie y me quité el zapato y la media. Y entonces me senté a esperar al borde de la carretera. SabÃa, quién habÃa de llegar. HabrÃa apostado mi alma. Y llegó… él; Sidway, ese maldito polluelo curioso. Comenzamos a hablar y al cabo de muy pocos momentos estábamos discutiendo a pleno pulmón. Y todo esto, antes de que Lance supiera que yo estaba lesionada. Cuando lo descubrió se mostró humano y compasivo durante unos momentos. No quise permitirle que fuera en busca de mi automóvil o a pedir ayuda, y comencé a subir la cuesta a pie. Lesionada. ¡Oh, Dios mÃa! A1 cabo de un instante me cogió en brazos. Yo le presenté muchas objeciones, porque sabÃa que terminarÃa por besarme. No ha habido ningún hombre que me haya tenido tan cerca de sà durante tanto tiempo sin sentir el impulso de besarme inmediatamente. Y tenÃa miedo de que Sidway lo hiciera también. Allie, le… querÃa demasiado para desear que lo hiciera… Y lo hizo muy pronto. Jamás en mi vida me he enojado tanto como en los primeros momentos. Pera muy pronto aquello comenzó a gustarme. ¡Creà que iba a comerme viva! No sé qué especie de fuego encendió en mÃ. Si no hubiera estado demasiado débil, habrÃa… ¡Oh…!, pero no podÃa moverme. Hasta que no me hubo introducido en mi habitación por la ventana, no comprendà que hasta aquel momento habÃa estado enajenada y arrebatada por un bendito dulzor… HabrÃa querido devolverle todos y cada uno de los besos que me dio. Ahora comienza a comprenderla claramente. Después, creo que recordaré algunas de las cosas que me dijo y te las diré. Allie querida, —te he contado muchas historias en la oscuridad de la noche… acerca de citas de amor, de citas infernales…, ¿pero qué me dices de ésta?