El Rancho Majestad
El Rancho Majestad Conocía bien aquella árida región, puesto que había estado en Palm Springs y en Indio con una compañía productora de películas. Sin embargo, la vista de la ondulante extensión, con sus grupos de mezquites y sus llanuras cubiertas de amarillentos hierbajos y las irregulares y estériles montañas que zigzagueaban en el horizonte, le produjo un intenso placer. ¡Qué diferente era aquella región de los dorados pastos y de las negras montañas y de los rápidos arroyos de Oregón! Lance no podía concebir un contraste más grande que aquél. A mediodía, el calor de junio era intenso en el desierto. El sudor brotaba de todos y cada uno de los poros de Lance, y Umpqua estaba cubierto de humedad. Pero aquel calor era lo que tanto el caballo como el jinete necesitaban. Estaban cansados de trabajar demasiado poco y de comer con exceso. Hacia media tarde, el joven llegó a una pequeña estación de ferrocarril próxima a Indio, donde se detuvo para pasar la noche. Durmió sobre una capa de heno extendida bajo un algodonero, y cuando el rojo sol asomó sobre las montañas Chocolate, a la mañana siguiente, Lance comprendió que la comodidad y la atracción de Hollywood habían quedado muy atrás.