El Rancho Majestad
El Rancho Majestad —Escuche, muchacha: nunca podrÃa decirle suficiente —la interrumpió él, insensible al temor que habÃa en la súplica de Madge—. Quiero a su padre. Me recuerda al mÃo. Y su madre…, ¡oh, qué amante, qué buena, qué misericordiosa mujer! Todo vara Majesty. Ésta ha sido la historia de este rancho… Madge Stewart, ya no es usted rica. Ya no tiene rentas. Hace tres años consumió usted las últimas. Y sus padres le han permitido continuar gastando dinero y más dinero como un marinero borracho, engañándola, sacrificándose por su carrera universitaria, por sus vestidos, sus automóviles, sus citas y sus aventuras con gangsters… ¡Dios mÃo! ¡Eso es el colmo! Y esta fiesta suya, señorita Stewart, esta fiesta rara y exótica para su gloria… que ha preparado usted hallándose completamente arruinada… Y su padre ha tenido que recoger las últimas cabezas de ganado que le quedaban para venderlas, con el fin de poder saldar sus deudas… Y esta noche, cuando toda la región estaba honrándola a usted, bailando a la música de su orquesta, bebiendo sus vinos y sus ponches… esta misma noche… las últimas cabezas que restaban han sido robadas.
Madge se dejó caer de bruces y hundió la cara entre los almohadones, El golpe habÃa caÃdo sobre ella. Y entre los golpes, era el mortal el que tuvo fuerza suficiente para triturarla.