El Rancho Majestad
El Rancho Majestad Nels pareció haberse quedado mudo, y Stewart no encontró respuesta para estas palabras. En aquel momento, Starr recordó a Stewart a Monty Price. El transcurso del tiempo no cambiaba la naturaleza del corazón de fuego de aquellos batidores.
Starr preparó la pistola y la mantuvo en la mano mientras ayudaba al gángster a ponerse la chaqueta.
—¡Ya está!… Stewart, usted y los demás aléjense en seguida… Ahora, Uhl, no muevas ni una mano. —Starr se retiró de él hasta una distancia de unos veinte pies—. ¡Vuélvete, Uhl!
El gángster hizo lo que se le ordenaba y expuso ante los demás un rostro que resultaba repugnante para los hombres que tenían valor y entereza, como Stewart. La sangre había comenzado a brotar nuevamente de la mejilla y de la sien de Uhl.
—¡Diez… de los grandes:… si…!
—¡Bah! —le interrumpió Starr agudamente—. Estás hablando con un vaquero americano.
Starr enfundó la pistola y extendió la mano con los dedos doblados.
—Avísenos usted, Nels… ¡Vamos, secuestrador! Vamos a ver cómo te portas.
—¡Preparados! —gritó Nels—. ¡Disparad!