El Rancho Majestad
El Rancho Majestad Stewart habÃa, sin duda, respondido a la misma extraña pasión que asaltaba a Starr. Era indudable que Nels se encontraba también bajo su influencia, puesto que de otro modo habrÃa disparado contra el gángster y puesto fin a la escena. Nels habÃa sido un buen tirador en su juventud. Y después, los vaqueros, que llevaban y disparaban revólveres, habÃan mirado con desprecio las hazañas de los asesinos modernos, que llevan pistolas automáticas y disparan a escondidas. Estos hombres eran para ellos, sencillamente, asesinos y nada más. Una lucha abierta y cara a cara les era desconocida. Pero Ren querÃa obtener una prueba.
—Escucha la voz de la razón, vaquero —dijo Stewart—. Comprendo lo que quieres hacer. Pero aun un pequeño riesgo…
—¡Diablos! ¿Riesgo? No habrá ninguno. De todos modos, patrón, ni Nels ni usted deben mancharse las manos con la sangre de este bicho.
—¿Qué diferencia hay entre que seas tú quién se las manche, o yo o todos nosotros?
—La hay, por lo que se refiere a Madge. Y si usted decidiera llevarle a la cárcel… ¡Oh, Sidway irÃa a buscarle y le matarÃa en su celda! ¡Tampoco serÃa correcto, patrón!