El Rancho Majestad
El Rancho Majestad Pero repentinamente Stewart volvió a poner la atención en Uhl. El gángster había observado el ahorcamiento de su lugarteniente, y su rostro, su expresión, su actitud se transformaron en algo completamente diferente a lo que había sido.
—¿Qué opinas de nuestra reunión y de nuestra corbata, bandido? —preguntó Ren mirándole fijamente—. Así hacemos las cosas en el Oeste… Lamento mucho no poder ahorcarte también y verte pernear en el aire. Pero tus baladronadas me ofenden. Por eso, señor Bee Uhl, secuestrador, contrabandista, gángster y pistolero, va usted a presenciar otro de mis jueguecitos.
—¡Oye, Ren, nada de eso! Ahórcale —dijo Nels hablando por primera vez.
—No me extraña que me lo pida usted, viejo compañero… ¿Dónde está la pistola este canalla? —Ren la cogió del fardo en que se hallaba y la agitó en el aire con desprecio—. ¿Qué le parece este juguete, Nels? Esos gangsters de película suelen disparar a través de la chaqueta, sin sacarlos del bolsillo. Bueno, ¿dónde está la chaqueta de este tipo?
Starr cogió la prenda indicada y metió la pistola automática en el bolsillo de la derecha.