El Rancho Majestad
El Rancho Majestad —No, Nels, no será usted quien le atraviese de un balazo —gritó Starr roncamente—. Y no vamos a ahorcarle, tampoco. Ahorcaremos a su compañero, y le obligaremos a mirar; pero ¡por todos los diablos!, tengo algo que hacer aquÃ.
Starr pasó el lazo por la cabeza de Fox y después de haber dado un tirón violento, arrojó la cuerda sobre la robusta rama de un pino y comenzó a tirar de ella.
—Oiga, Sloan, y vosotros, Spencer: agarrad esta cuerda y tirad de ella, si sois hombres… Si no lo hacéis, os daré una paliza de todos los infiernos… ¡Tirad!… ¡Ah! ¡Qué gritos lanza el condenado! ¡Es un asqueroso cobarde!… Ate el extremo de la cuerda, Sloan.
Stewart volvió la cabeza hacia otro lado, pero no pudo dejar de ver los grotescos saltos que la sombra daba sobre el terreno ni de oÃr el violento respirar del condenado y de sus ejecutores, el arrastrar de botas y el chocar de espuelas, y finalmente de presenciar el increÃble espectáculo de Stewens tirando de la cuerda. En aquel momento, el estudiante respondió a sus instintos primarios, y, su rojo rostro tenÃa una expresión tan bestial como la de sus acompañantes.