El Rancho Majestad
El Rancho Majestad —No. Lo vi pasar y no advertà en él nada fuera de lo corriente. El conductor, según costumbre, adquirió gasolina en una u otra de las estaciones de servicio. Esos hombres jamás han comprado en mi establecimiento ni siquiera un litro de combustible. Y esa quiere decir mucho. No comprendo por qué no se han detenido nunca para comprarme algo.
—Muy sencillo: han pasado sin detenerse porque han visto que eres un vaquero.
—Es posible que no te equivoques. Me parece una buena suposición.
—Por lo que he oÃdo decir durante mi viaje, he llegado a la conclusión de que los propietarios de ese camión adquieren ganado solamente con el fin de encubrir otras actividades. Es posible que en los últimos tiempos hayan robado reses. Toda clase de negocios parecen lÃcitos en estos tiempos.
—Eres un águila, compañero —exclamó Starr con entusiasmo—. Después de pensarlo detenidamente, estoy seguro de que no he visto que esos camiones hayan pasado por aquà con dirección al Sur desde la primavera pasada. Y han tenido que pasar, por fuerza. Pero seguramente lo han hecho de noche.
—Tenemos un punto de partida para futuras investigaciones.