El Rancho Majestad
El Rancho Majestad —¡Diablos, sÃ! Es lo mismo que he pensado yo. Oye, Starr —exclamó Lance como si en aquel mismo instante hubiera tenido una inspiración—. No hace aún muchos dÃas, conduje un camión muy grande desde Douglas hasta Tucson. Estaba vacÃo, pero anteriormente habÃa estado lleno de novillos.
Lance describió brevemente las circunstancias que le habÃan forzado a ganar dinero del modo que fuese, pero no entró en detalles acerca de los hombres con quienes habÃa estado relacionado en aquella aventura.
—¡Maldita sea! ¿Cómo era ese camión?
—Muy grande, muy bueno y con toldo de lona. Apunté el número de la matrÃcula y el nombre del propietario, que, naturalmente, no es el del propietario verdadero.
—Es muy interesante lo que me has contado, Sid —comentó Starr con una frialdad que sucedió al entusiasmo de los primeros momentos—. He visto dos o tres camiones juntos del mismo tino del que me has indicado y que suelen pasar por aquà cada cuatro o cinco semanas. Uno de ellos pasó hacia el Norte hace solamente cuatro dÃas.
—¿Te llamó la atención por algún detalle particular?