El Rancho Majestad
El Rancho Majestad —Me enamoré locamente de tres estrellas. Y también de otras mujeres que no eran estrellas, sino sencillamente «extras» que aspiraban a serlo. ¡Y mi locura fue mayor en cada ocasión! Y no puedo imaginar que me sea posible enamorarme de una muchacha ranchera. No he querido ofenderte, muchacho. Mi hermana es también ranchera, y constituye mi mayor orgullo. Pero creo que podrás comprender perfectamente lo que quiero decirte si alguna vez vas a…
—¿Quieres decir a los cines? Voy a ver todas las pelÃculas, y en algunas ocasiones dos veces.
—Entonces, comprenderás perfectamente que no hay peligro de que pueda enamorarme de una muchacha ganadera.
—No hay peligro… si la hija de Stewart no regresa a su casa; pero en otro caso no me atreverÃa a decir ni una sola palabra… Bien, ya hemos llegado a tu alojamiento. Hasta mañana. Me alegro de haberte conocido, Lance.
—También yo, Ren. Ha sido una gran suerte. Mañana por la mañana, iré a verte muy temprano. No te olvides de escribir la carta para Stewart. Buenas noches.