El Rancho Majestad
El Rancho Majestad —No. No ha sido asÃ. Pero me hacÃa falta ropa limpia y un afeitado —explicó Lance—. No se puede ir a pedir trabajo cuando se tiene un aspecto semejante al de un mendigo.
—No estoy muy seguro de ello, Sid —replicó Starr pensativamente—. A Gene le gustan los hombres sucios. ¡Diablos! Con ese pañuelo rojo y esas ropas, pareces un Buck Jones.
—He comprado el equipo más lucido que habÃa en la tienda —aseguró—. Si crees que debo cambiarlo por…
—No me hagas caso. Bromeaba. Estás muy bien asÃ. En realidad, tienes un aspecto magnÃfico. Pero no hay vaquero que pueda engañar a Gene Stewart. Stewart te conocerá de una sola mirada. Vayas como vayas vestido. Y apostarÃa todo lo que pueda valer mi establecimiento a que simpatizará contigo lo mismo que yo.
—Entonces, ¿qué diablos…?
—Ésa es la cuestión, ¿qué diablos sucederá si te encuentras con la hija de Gene? La muchacha está va en camino. Gene se lo dijo ayer a mi madre.
—Ren, insistes mucho sobre ese asunto. ¿Es el corazón de la señorita Stewart lo que más te preocupa? —preguntó Lance jocosamente.