El Rancho Majestad
El Rancho Majestad —No lo sé, Gene. Pero es preciso que hagamos algo… No son buenos todos los parientes de Bonita. Algunos de ellos, no serán buenos hasta el dÃa en que mueran. Danny tiene una buena esposa, y una hija muy linda, la joven Bonita. Pero eso es todo… Y teme a los parientes de ella. Me ha preguntado claramente: «¿Qué vamos a hacer?».
—Y ¿qué contestaste tú, Nels?
—Le dije que vendiera reses. Y cuando accedió a hacerlo, le recomendé que se uniese a ti. Luego, si consiguierais encontrar una pareja de buenos vaqueros, nos serÃa posible vencer en la contienda. Por lo menos, terminarÃamos con los robos, que son los que se están comiendo todos los beneficios que de otro modo podrÃan obtenerse.
—No es una mala idea, Nels. Pero ¿con qué habremos de pagar a los vaqueros que contratemos?
—¡No exageres! No puedes estar en tan mala situación como parecen indicar esas palabras —replicó Nels.
—Lo siento mucho, viejo. Pero asà es. Me molesta tener que encararme con Magdalena, especialmente tratándose de una cuestión como ésta.
Stewart desdobló el periódico que habÃa enrollado entre las manos, y puso una de sus hojas sobre las rodillas del viejo vaquero. Nels sacó las gafas, se las puso y leyó lentamente.