El Valle de los caballos salvajes
El Valle de los caballos salvajes —Luty Blake, ¿has descendido tanto como tu padre? —preguntó roncamente Pan—. ¿Qué clase de mujer eres? Si me quieres, es un crimen que te cases con él. Las mujeres hacen cosas de esa especie, lo sé… Se venden a sà mismas; pero matan sus almas. Aun cuando con ello pudieras salvar a tu padre de ser ahorcado, todavÃa seguirÃa siendo una acción baja. Supongamos que tu padre fuese condenado a algunos años de cárcel. ¿Qué serÃa eso comparado con el infierno a que por salvarle te verÃas condenada para todos los dÃas de tu vida? Has perdido la cabeza. Has perdido el sentido de las proporciones… Sin duda sientes algún afecto por ese maldito cerdo de Dick Hardman.
—¡Afecto por él! —exclamó Luty, avergonzada y furiosa—. ¡Le odio!
—Entonces, si te casas con él, cometerás una maldad. ¡Para contigo misma! ¡Para conmigo! Para mà serÃas entonces aún mucho peor que aquella mujerzuela de «La Mina de Oro».
—¡Pan! —exclamó ella—. ¿Cómo puedes…? ¿Cómo te atreves?…
—Los hechos duros requieren nombres duros. Tú me has obligado a decir esas cosas. SerÃas capaz de hacerme enloquecer, si te escuchase, si te creyese. ¡No vuelvas a atreverte a decirme que te casarás con Dick!
—Lo haré…, debo…