El Valle de los caballos salvajes
El Valle de los caballos salvajes —Le seguirÃan dondequiera que fuese. No, eso no servirÃa. No tenemos tiempo… Dick me está presionando para que me case con él inmediatamente, o su padre encausará al mÃo. He prometido… y hoy, esta mañana, va a venir a verme Dick para que fijemos la flecha de la boda.
—¿Cómo? —exclamó Pan con pasión.
La palabra de Pan, disparada con tanta rapidez como una bala, hizo que la muchacha se pusiese en pie de un salto; pero repitió lo que habÃa dicho anteriormente, casi palabra por palabra.
—¿Cuál será tu respuesta? —preguntó Pan con acalorado desdén.
—Cuanto más pronto… tanto mejor —replicó ella tristemente—. No puedo soportar… esto… Tú…, ¡oh, todo serÃa preferible, todo serÃa más fácil que tus esperanzas…, que tu… que tu modo de hacerme el amor!