El Valle de los caballos salvajes
El Valle de los caballos salvajes —Asà es. Las cosas no son tan graves como supones. ¡Dios mÃo, si hubiera tardado un mes más en llegar…! Luty negó con un enérgico movimiento de cabeza.
—Ahora, todo es peor para mà que si no hubieras venido jamás.
—¿Por qué? —la interrumpió Pan.
—Porque el verte…, el estar a tu lado de este modo… antes de…, si he de casarme…, es horrible… Después, cuando ya fuese demasiado tarde y yo hubiera perdido ya algo, el amor propio o quizás algo más…, entonces, es posible que no te importase.
Esto no solamente hizo que Pan perdiera la paciencia, sino que, además, se enojase. La sangre se agolpó en su rostro. Pan se mordió la lengua y luchó por dominarse.
—¡Luty! ¿No te he dicho que no te casarás con Dick Hardman? —exclamó.
—¡Oh, pero tendré que hacerlo! —replicó ella tozudamente en tanto que negaba con un triste y lento movimiento de cabeza.
—¡No!
—Debo salvar a papá. Tú podrÃas, es cierto, hacer que saliera de fa cárcel, del modo que fuera. Pero eso no servirÃa para salvarle.
—ServirÃa, tenlo por cierto —replicó con sequedad Pan—. En cualquier otro estado estarÃa perfectamente a salvo.