El Valle de los caballos salvajes
El Valle de los caballos salvajes —¡Fuegos del infierno! —exclamó agriamente Hardman. Su rostro, contraÃdo por el furor, producÃa espanto—. Eres tan mala como aquella mujerzuela que se fue con él. ¡Yo te arreglaré, Luty Blake! Y llevaré a tu padre, el ladrón de vacas, a la cárcel, donde pasará todo el resto de su vida.
Pan saltó hacia Hardman y le dio un golpe terrible que le obligó a caer de la silla y producir un ruido sordo al golpear el suelo con el cuerpo. El asustado caballo corrió por la senda en dirección al portillo.
—¡Maldito malhablado! —dijo Pan—. Levántate, y, si tienes revólver, ¡sácalo!
Hardman se puso en pie trabajosamente. Respiraba con dificultad. Sus ojos, llenos de odio, se dirigieron hacia Pan. Sin embargo, el instintivo furor habÃa sufrido una disminución. Hardman habÃa sido forzado a pensar en algo más que el fracaso de su imperiosa voluntad.
—No…, no… traigo… revólver —dijo jadeando—. Tú… lo has visto…, Pan Smith.
—Bien, entonces, después de esto, debes llevarlo siempre —replicó despectivamente Pan—, porque es muy probable que dispare contra ti tan pronto como vuelva a encontrarte.
—Haré… que te expulsen… de esta región —replicó con fatiga Dick.