El Valle de los caballos salvajes
El Valle de los caballos salvajes —Le arrestaré, Panhandle Smith; puede estar seguro de ello —declaró Matthews roncamente.
—¡Nada de arrestar ni de detener! —replicó Pan con sonoro desprecio—. Usted es un sheriff fanfarrón. ApostarÃa cualquier cosa a que usted mismo se eligió sheriff. Conozco bien a los hombres de su clase, Matthews. Y apostarÃa también algo más a que no durará usted mucho tiempo en Marco.
Estas palabras, como Pan se habÃa propuesto anticipadamente, eran demasiado duras para que un hombre que no fuera un cobarde pudiera tragárselas. Pero Matthews era un cobarde. Y esto se hizo evidente a todos los espectadores, que murmuraron en voz baja e inclinaron las cabezas. De cualquier importancia que fuera el prestigio de que Matthews disfrutaba en aquella ruda comunidad minera, este prestigio habÃa desaparecido en el mismo momento que el sheriff se encontró ante un vaquero enojado y provisto de un arma de fuego. Matthews, pálido y tembloroso, se volvió hacia el grupo de hombres que habÃan ayudada a Hardman a ponerse en pie. Entre todos ellos condujeron a Hardman hasta la huerta, y Matthews los siguió.
Pan retrocedió hacia la mesa junto a la erial se hallaba Louise con los ojos desorbitados y en un estado de angustiosa tensión. Nuevamente se reanudó el zumbido de las voces, el chocar de los vasos, el tintineo ele las monedas. El incidente habÃa concluido.