El Valle de los caballos salvajes
El Valle de los caballos salvajes Había vaqueros de una infinita variedad de tipos y características, pero todos podrían ser catalogados en dos grandes grupos los que eran brutales para los caballos y los que los trataban con amor. Los caballos salvajes, los broncos, tenían que ser domados para que pudieran ser montados. Muchos de tales caballos odiaban la silla, el bocado, al jinete, y no podían tolerar nada de esto sino cuando habían sido domados. Estos caballos tenían que ser castigados para obligarlos a someterse. Por otra parte, había vaqueros, grandes jinetes, que solamente apreciaban a los caballos que mordían, saltaban, coceaban. Esto constituía una especie de vanidad vaqueril. Panhandle Smith no la tenía. Había domado caballos salvajes y cabalgado caballos levantiscos, pero a causa de la bondad de sus sentimientos no pudo llegar a ser tan buen jinete como habría podido si no hubiera tenido tales sentimientos. En casi todos los equipos en que Pan había trabajado encontró siempre algún vaquero, y a veces más de uno, que le derrotaron como jinete.