El Valle de los caballos salvajes
El Valle de los caballos salvajes Pronto llegaron al domicilio de Blake, aunque las huellas del potrillo fueron difÃciles de descubrir y de seguir. Encontraron a Pan completamente despierto, acurrucado detrás de la vaca, fiel a la confianza que en él se habÃa depositado. La señora Blake no se encontraba en mal estado, si se tienen en cuenta las circunstancias, ni tampoco lo estaba el recién nacido. Era una niña, a quien Jim puso en aquel momento el nombre de Luty, que era el de su esposa.
Los hombres transportaron a la madre y a la nena a la casa, mientras la señora Smith los siguió junto al soñoliento Pan. Encendieron unas hogueras en la abierta chimenea y en la cocina, y dejaron que la señora Smith atendiera a la madre. Ambas mujeres oyeron que los hombres hablaban; pero Pan no oyó nada, porque se habÃa acostado, envuelto en mantas, en un rincón.
—¡Demonio de criatura! —exclamó Bill—. Jamás he visto nadie que pueda competir con él.
—Es posible que Pan haya salvado dos vidas. ¡Dios le bendiga! —replicó Blake emocionadamente.
—¿Quién sabe? Es posible… ¡Qué cosas más extrañas suceden! Jim, ese hijo mÃo nació en un campo roturado. Y ahora, nace el tuyo… en un establo, sobre el heno.
—SÃ, es extraño —murmuró Blake—. Pero debemos esperar que sucedan acontecimientos de esa naturaleza en gran Oeste.