El Valle de los caballos salvajes
El Valle de los caballos salvajes —¿Está usted herida? —preguntó Pan con presurosa compasión—. ¿Se ha caÃdo usted del desván?
—No; pero tengo unos dolores terribles.
—¡Ah!… ¿Está usted enferma?
—SÃ. Y estoy sola. ¿Quieres hacerme el favor… de ir en busca de tu madre?
—Papá y mamá han ido al poblado —contestó desconsoladamente Pan—, y no hay nadie en casa de tÃo George.
—Entonces, debes comportarte como un hombre valiente.
Bill Smith, al regresar apresuradamente a su casa en compañÃa de su esposa y de Jim Blake, sufrió un retraso originado por la tormenta. Era más de medianoche cuando llegaron a la casa. Encontraron a Curly con las bridas colgantes, inmóvil en la niebla, junto al granero. La señora Smith se alarmó. Bill y Jim, aun cuando se preocuparon, no se mostraron tan temerosos como ella.
Con unas linternas comenzaron a seguir las huellas que Curly habÃa dejado sobre la nieve. La esposa de Bill no quiso quedarse atrás.