El Valle de los caballos salvajes
El Valle de los caballos salvajes —Pan, ¿puedes ir a pie? —le preguntó Bill Smith al mismo tiempo que le clavaba una mirada escrutadora.
—SÃ, papá; pero… pero… —contestó Pan, incapaz de terminar de expresar el pensamiento tan querido de su corazón.
—¡Ah! Y antes de que pase mucho tiempo Luty tendrá edad suficiente para ir también —añadió su padre—. Supongo que podrás llevarla.
—SÃ, papá. —Y para Pan constituyó una gran alegrÃa el hacer esta promesa.
—Bien; eres un buen muchacho —declaró el padre—. Y no tendrás que ir a pie a la escuela. He adquirido dos caballos para ti.
—¡Dos! —exclamó Pan sin poder contener su alborozo—. ¡Oh, oh, oh!