El Valle de los caballos salvajes

El Valle de los caballos salvajes

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XV

Ala mañana siguiente, mientras Pan se encontraba ausente por espacio de varias horas para cazar ciervos, los hombres de Wiggate, acompañados de Blinky, realizaban la macabra tarea de enterrar a los hombres muertos.

A su regreso, Pan fue informado de lo que se había hecho y experimentó cierto consuelo al ver que Wiggate aceptaba la responsabilidad de aquel acto. Wiggate se había dirigido a él en diferentes ocasiones con amabilidad y cortesía; pero había en él cierta reserva que Pan encontraba con frecuencia cuando se reunía con algunos hombres. Estos hombres solían ser de la clase de los que no comprenden a los occidentales como Pan.

Wiggate tenía a todos sus hombres, con excepción del que había enviado a Marco, con varios de los compañeros de Pan, entregados a la tarea de contar los caballos cazados. Era una labor difícil que no podría ser realizada con exactitud en corto tiempo.

—¿Está usted ansioso por regresar a Marco? —preguntó Wiggate, no sin amabilidad, al ver la inquietud de Pan.

—Sí, lo estoy, ahora, cuando nuestro trabajo ha concluido —contestó cordialmente Pan.

—Si yo fuera usted, no tendría tanta prisa —dijo el comprador de caballos en un tono seco.

—¿Qué quiere usted decir? —preguntó Pan.

—Que no debemos olvidar al joven Hardman.


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