El Valle de los caballos salvajes
El Valle de los caballos salvajes —Espero que no habrá usted tenido otras relaciones con él… que no sean las, relativas a este negocio de compra y venta de caballos.
—No, he tenido la suerte de no tenerlas.
—Hardman estaba metido en muchÃsimos negocios en Marco. No sé quién se hará cargo de algunos de ellos en la actualidad, como, por ejemplo, de alguna de las minas de oro que robó.
—¡Oh! SabÃa que Hardman estaba relacionado con asuntos de minerÃa, pero creà que todos serÃan legÃtimos. Es un asunto muy complicado ese negocio de descubrir, explotar y vender filones de oro. No quiero nada con esas cuestiones.
—Los hombres de Hardman, bien por instigación suya o por instigación de Dick, arrojaron violentamente a dos de mis hombres de sus posesiones. Ellos mismos podrán decirlo.
—Estoy sorprendido. Verdaderamente, estoy sorprendido —afirmó Wiggate; y su actitud lo demostraba.
—Marco es una de las ciudades más rudas que he conocido —declaró Pan—. HabÃa creÃdo que eran malas algunas de las poblaciones de la pradera. Pero ahora comprendo que unos cuantos vaqueros alocados que realicen alguna hazaña, que disparen en alguna taberna o que se maten en ocasiones unos a otros, resultan cosas pacÃficas si se las compara con Marco.