El Valle de los caballos salvajes
El Valle de los caballos salvajes De acuerdo con las cifras en que convinieron los hombres que, los habÃan contado, en los encerraderos habÃa mil cuatrocientos ochenta y seis caballos.
Wiggate pagó en dinero contante y sonante. TenÃa en su poder algunos billetes de alto valor, pero la mayor parte del dinero fue pagada en billetes pequeños. Pan se apresuró a deshacerse de todos ellos, excepto de los que le pertenecÃan, y dobló los sueldos de aquéllos a quienes habÃa contratado para trabajar con él. Luego dividió con Blinky lo que restaba.
—¡Dios mÃo…! —dijo ahogadamente Blinky mientras miraba con ojos distendidos el enorme fajo de billetes—. ¡Dios mÃo…! ¿Cuánto hay aquÃ?
—Cuéntalo, ordeñador de vacas —respondió alegremente Pan—. Ésa es tu mitad.
—Pero ¡es demasiado, compañero! —exclamó Blinky—. Esto es, tanto como… como robarte. El acoso ha sido idea tuya.
—SÃ, y lo realizasteis tú y tu equipo —replicó Pan—. Tú proporcionaste los abastecimientos, los caballos, la ocasión, y yo proporcioné la ejecución del proyecto. Me parece que es justo que nos repartamos por mitades iguales lo ganado.
—Perfectamente, compañero —dijo Blinky en tono ahogado—, si ésa es tu opinión…, pero ¿quieres hacerme el favor de, guardarme estos billetes?
—¡Guárdalos tú mismo, india del demonio!