El Valle de los caballos salvajes
El Valle de los caballos salvajes —¡Luty!… ¿Ha venido…, a casa?, —acertó a decir.
—SÃ. ¿No lo sabÃas? Estaba aquà cuando yo vine, a mediodÃa. He adquirido todos nuestros bagajes en muy poco tiempo.
—¿Qué te ha dicho Luty?
—Muy poco —replicó su padre con sorpresa y ansiedad—. Se hallaba en un estado horroroso. Dijo que no podÃa irse porque tú no estabas muerto… ¡Pobre muchacha! Ha sufrido unos ataques nerviosos. Pero tu madre habÃa conseguido tranquilizarla a la hora de la comida.
—¿Dónde está ahora?
—Creo que en la cama. Por lo menos, está en su habitación.
—Padre, ¿sabe ella que…? Pero, naturalmente, no puede saberlo…, ni tú tampoco.
—Sé muchas cosas, hijo mÃo —contestó su padre solemnemente—. Luty ha dicho a madre que al ver que te aproximabas a la diligencia creyó morir de angustia y de sorpresa. Todos creÃan que estabas muerto. Lo creÃa tu madre, y también Luty… Luty dijo que tiraste de Dick cuando subÃa a la diligencia y que le arrojaste al suelo como a un guiñapo. Dice que ella estuvo a punto de desmayarse en aquel momento. Pero pudo reponerse a tiempo de ver cómo le dabas una patada… y le obligabas a alejarse.