El Valle de los caballos salvajes
El Valle de los caballos salvajes —Oiga, John, usted tenÃa costumbre de regalarme algún caramelo cada vez que venÃa a la ciudad —dijo riendo Pan.
—SÃ, he hecho lo mismo con todos los Tom, Dick y Harry de esta región —replicó el viejo mientras se sobaba la barba—. Pero no me acuerdo de usted.
—Soy Panhandle Smith —anunció Pan dándose un poquito de importancia. Acaso, si no era reconocido personalmente, podrÃa tener la suerte de que también su reputación fuera desconocida de aquel hombre.
—¡Claro que eres Pan, por todos los diablos! —exclamó Campbell cordialmente; y hubo una inconfundible alegrÃa en el apretón de manos que le dio—. Pero nadie podrÃa reconocerte. Oye, has crecido mucho. Hemos oÃdo hablar muchÃsimo de ti… Aunque nada durante los últimos años… Vaquero, has debido de vivir bastante intensamente la vida de los vaqueros, si lo que se dice es cierto.
—No debe usted creer todo lo que oiga decir, señor Campbell —replicó sonriendo Pan—. Me agradarÃa tener noticias de mis padres.
—¿No lo has oÃdo? —preguntó Campbell dubitativamente.
—¿Qué? —dijo rápidamente Pan al ver que la expresión de su colocutor adquirÃa un tinte de gravedad—. Hace dos años o algo más que recibà una carta de mi madre.