El Valle de los caballos salvajes
El Valle de los caballos salvajes Indudablemente, Panhandle tenía un alma aventurera. Cierto día descubrió que una mofeta había cavado un hoyo bajo el pórtico frontero de la casa y que allí dio a luz a sus pequeñuelos. Panhandle no les tenía miedo, y ni los molestaba ni los asustaba. Al cabo de cierto tiempo jugaba con ellos como si fuera un compañero de la misma especie, y un día en que estaba divirtiéndose a su lado, su madre lo encontró. La mujer se sintió asustada, enfurecida y horrorizada al mismo tiempo, y suplicó a Panhandle que de en paz a las pequeñas y sucias mofetas. Panhandle solía prometer y olvidar inmediatamente. Su madre le castigaba continuamente, pero todo era inútil. Finalmente, la mujer se vio obligada a adoptar unas medidas severas.
Varios colonos se habían instalado cerca de la casa, y la señora Smith los visitó con la esperanza de poder encontrar algún vaquero o labrador que fuese a destruir los animalitos. Sucedió que no pudo hallar a nadie, sino a la señora Hardman y a su único hijo, que se llamaba Dick; tenía siete años y era demasiado alto para su edad y un atrevido y guapo muchacho de cabello rojo. La señora Smith llegó a un acuerdo con Dick y lo llevó a su casa consigo.